martes, 16 de octubre de 2012

Existe Dios?




Hoy en día, especialmente en los países desarrollados, la idea de un Dios creador todopoderoso, sucumbe paulatinamente a manos de un materialismo recalcitrante y compulsivo cuyo dogma parece querer decir…”no hay más verdad que la que se ve”.

El descrédito en el que ha caído la iglesia en el caso del Cristianismo, por ejemplo, no ayuda a que sus principios se mantengan al alza, y aquel propagandístico “temor de Dios” que ya anunciaban las escrituras mucho antes incluso de que Pedro fuera la primera piedra, pasó a mejor vida cuando la mano dura de la iglesia dejó de revolotear sobre los mofletes de los escolares.

Actualmente la espiritualidad ha pasado a ser, en muchos casos, una revolución autodidacta, una rebeldía manifiesta contra los valores impuestos, un quiebro al pasado. La demolición de los credos imperativos frente a los nuevos valores y doctrinas de cierta inconsistencia o excedidas en misticismo, acaban por reducir la tónica a un laicismo tan poco alentador como discutible dado que ahora la pregunta es, “Y si no hay Dios, ¿Qué hay?”, al final la respuesta es que, por narices…tiene que haber algo, concluyendo en que uno siempre esta buscando en realidad mas allá de lo que se ve, sin embargo, si no se ve, no se cree, curioso galimatías.

A mi modo de ver, lo primero que deberíamos preguntarnos, es el por qué de esa búsqueda. ¿Es una necesidad saber que existe alguien o algo que nos ha creado?, ¿Es mejor si realmente es así?. Parece ser que a la vista de una popular promesa bíblica, tenemos una estancia, gastos pagos, y con cargo a algún inversor celestial, en un lugar llamado Paraíso, donde además de que Paco Montesdeoca tendría bastante fácil de atinar en el parte meteorológico diario, no hay colas en el Inem, no existen ni los dentistas, ni la grúa, ni Telecinco, y todas la tías estarían bañadas por un sugestivo halo de luz, es decir, tendrían mas de dos aureolas, una pasada oiga! No puedo dejar de imaginarme a San Pedro cuando el Altísimo le anunció que a partir de ese momento iba a currar allí de portero, colocando las pulseritas de “todo incluido” a cada quisqui que la espichara. Seguro que el pobre Pedro, que era más de ir a la lubina, se quedó de “piedra” por el susto, y de ahí vendrá mas probablemente eso que cuenta la Biblia que le dijo Jesús… que es que lo malinterpretan todo carajo!

Así que esa idea de unas vacaciones perpetuas que albergan la posibilidad de una vida después de esta, de un “no se acaba aquí la cosa”, de un “no desaparezco”, a priori se presenta muy golosa contemplada en los estatutos de cualquiera de las religiones presentes, resulta curioso que ninguna de ellas augura un final definitivo en el que nada queda de nosotros para después.

Esa garantía de no dejar de existir a la que esta sometido nuestro más arraigado apego, nos pide creer en algo que nos provea del billete de ida hacia otra vida, algo que nos asegure que no dejamos de existir. Es esta una de las razones que en esencia nos llevan a tener fe en una u otra tendencia religiosa, no queremos morir nunca, no queremos deshacernos de nuestras pertenencias, de nuestros seres queridos, de nuestros sueños… y la religión, te soluciona este problema.

El apego no es un concepto religioso, es la adhesión de nuestra mente, nuestro yo, nuestro ego, a todo aquello que cree que le conforma. Esto es compartido indistintamente por religiosos y profanos, así que por muy ateo que se quiera ser, el deseo de una vida eterna subyace en lo más profundo de cada individuo, al fin y al cabo, es miedo a dejar de existir. Esa necesidad de darle un sentido a una vida que empieza y acaba sin ningún fin aparente, no deja de contener un matiz espiritual que bien se acerca a la religión, lo queramos o no.

Otra de las razones que más ha favorecido la proliferación de las religiones en las sociedades antiguas, es la oferta de perdón. La idea de un Dios misericordioso que perdona todos tus pecados quizás sea una de las mejores estrategias de marketing de la historia. "Hazte musulmán y todos tus pecados serán perdonados (da igual lo que hayas hecho, ya sabemos que hay unos mandamientos a seguir, pero si te los has pasado "por el forro" y te apuntas a nuestra religión, haremos la vista gorda) y si de paso nos traes algún amiguete, te llevaras un microondas de regalo y un horno "paleolítico", de esos que se limpian solos".

No cabe duda de que los preceptos que proponen las distintas religiones contemporáneas, aunque susceptibles de ser perdonados con una socorrida oración en caso de saltárselos, promueven la bondad, la generosidad, el respeto por la vida y por el prójimo, y abogan en común por la consecución de un mundo mejor donde todos somos hermanos. Esto ha sido, junto a la promesa de vida eterna y el perdón de nuestros pecados, el otro leitmotiv que nos ha atraído "ciegos de fe" hacia las distintas vertientes espirituales. Pero por un lado, el hecho de que el miedo, tanto a que no haya nada después de la muerte, como a un castigo divino, y por otro lado la búsqueda de un mundo mejor, sean las razones que nos han llevado hacia la religión, no acaba por resolver la cuestión primordial de si Dios existe o no.

No podemos confiar que Dios sea aquel que se dirigió a Moisés en la montaña, o a Abraham, la interpretación de las escrituras del Antiguo Testamento, de donde nacen varias de las religiones que hoy conocemos, está basado en manuscritos mal conservados y en una tradición oral cuya interpretación es muy alegórica, carece pués de rigor alguno. En los Vedas, muy anteriores a Jesucristo, los Evangelios, o sobre la vida de Mahoma, Brahma, Mahavira o Buda existe información algo más contrastada y fidedigna para comprender cual fué la relación de estos con una deidad. Algunos eludían la existencia de ese Dios, otros parecían tener línea directa con el mismo, ¿Con qué idea nos quedamos? ¿Cuál de ellos estaba más chiflado? o quizás no se trate de locos, tal vez fueron unos hábiles manipuladores, o quizás personas con una sensibilidad especial y un magnetismo desbordante.

Los locos pierden credibilidad a corto plazo víctimas de sus propios actos, y los muchos manipuladores que en el mundo han sido, aunque hayan podido perpetuar su hegemonía durante bastante tiempo, jamás habrá sido tanta la permanencia de su legado como lo ha sido el de los profetas de algunas de la religiones que hoy pueblan nuestro planeta. Cabe pensar que estos "enviados" por Dios, fueran en realidad personajes de una cualidad verdaderamente excepcional, quizás a través de ellos encontremos la respuesta a si realmente existe Dios o no, abandonemos las doctrinas, y fijémonos en las personas que las promovían.

Parece claro que una característica común a cada una de estas tan especiales personas, era su enorme capacidad oratoria y su gran poder de convocatoria. No es extraño que un predicador con un gran carisma, cuyo slogan augura el perdón de los pecados y la vida eterna, atraiga multitudes a su presencia. El poder de sugestión que un líder iluminado puede tener sobre un ignorante conjunto de seguidores crédulos, sin cultura y educación alguna, puede ser asombroso, máxime si no se descarta la probabilidad de algún milagro en aras del enorme poder de la sugestión y la psicosis colectiva, y el añadido de alguna exageración plausible de algún que otro hecho, cuando menos extraño, que atribuya ciertos poderes a su autor. Pero aun así, por muy divina que llegue a ser la figura del emisario, ni estos muy dudosos "milagros" confirman la existencia de Dios, ni el éxito de masas que llegaron a tener se justifica en su existencia, solo en promesas, lo que nos lleva a pensar en que, no hay nada que demuestre en la historia de la religión que Dios realmente existe, nada.

No se me malentienda ni se me odie por hereje, o iconoclasta, no trato de desmitificar la existencia de Dios por falta de pruebas, simplemente trato de reducir a su esencia las razones por las que existe, con el fin de llegar a encontrar algo de real en ellas, liberar a Dios de su atuendo y sus alhajas, y una vez desnudo, ver si queda algo sometible a juicio, o por el contrario no queda nada, más que una ancestral y auxiliadora ilusión. Parece ser que ni los textos antiguos son esclarecedores, ni los distintos profetas nos han aportado razones lo suficientemente reveladoras, ni los distintos credos de hoy en día han podido demostrar su presencia si no es auspiciada por la palabra "fe".

Y desde aquí, cuando en síntesis parece que nada demuestra que Dios existe, es desde donde podemos partir para ver si desde otra perspectiva esto es verdaderamente cierto.

Hay algo que he podido encontrar como denominador común en toda religión y creencia, y principalmente en sus profetas, me refiero a la compasión. Esta es la palabra que a mi modo de ver, define los principios de cualquiera de las religiones, filosofías, y dogmas que en el mundo han existido. Al fin y al cabo la compasión, es el amor por el prójimo, y el amor, es el sentimiento mas profundo y esencial en todo ser, principio y fundamento además para la continuidad de la vida.

Partiendo del hecho de que el amor y la compasión son emociones muy arraigadas en el ser humano, a mí me es más fácil pensar que la religión ha sido creada por los hombres y no alentada por un Dios externo que dictaba unas leyes a seguir. Puede que la llamada interior de aquellos profetas, hombres con una gran percepción y gran capacidad introspectiva hubieran escuchado el mensaje de su propio Ser interior y en lugar de hacerse propietarios de esa capacidad preclara para entender la vida, pensaran que su propia intuición es el lenguaje con el que un Ser Superior, un Dios, se dirigía a ellos. Cualquiera que haya experimentado los dictados de su propio Yo interior podría pensar que ese mensaje sutil que nos ayuda a caminar por la vida de una forma plena y consciente, perfectamente podría venir de un ser externo, una entidad fuera de nosotros que nos dirige acertadamente si somos capaces de conectar con ella. Buda, Mahavira, Lao Tse o Bodhidharma, entendieron esta voz de manera contraria al resto de los profetas, ellos entendieron que esa llamada, provenía de su propio interior, no de un Dios exterior que vela por nosotros y nos sugiere unos mandamientos para vivir en armonía, esas leyes, para los orientales, son en realidad la música de la Unidad buscando la armonía a través de la compasión, el amor y el desapego en nosotros mismos.

A mi modo de ver, Dios es la luz interior a la que cada cual tiene acceso si aprende a mirar dentro de si, a observarse a si mismo como espectador, a silenciar la mente. Es la intuición que dirige tus pasos en la vida, es el latido que te hace sentirte parte de un Todo, tu y todo lo que existe una misma cosa, de ahí surge la compasión, la bondad, la generosidad,…el amor, sin lugar a dudas, y a pesar de las malas interpretaciones que en la historia se hayan llevado a cabo sembrando muerte y destruccion, es lo que ha dictado los principios de todas las religiones, no Dios.


Todo lo anterior nos demuestra que no es necesaria la existencia de un Dios para garantizarnos la vida eterna, hay otras religiones que profesan esa continuidad de la vida, y no tienen una divinidad al mando. Esto me hace dudar de si la religión nace para realmente proveernos de esa perpetuación de nuestra existencia, o nace porque algunos iluminados han llegado a ver en lo profundo de su silencio, que cada cual forma parte de algo eterno, que no desaparece nunca y que tiende a la Unidad, al amor, todo una misma cosa, en comunión. Es curioso, porque cualquiera de las dos posibilidades es aceptable, en ti esta discernir cual de ellas es la correcta, quizás también tú debas preguntarle a tu silencio interior, en él seguro encontrarás la respuesta, pero primero has de aprender a estar en silencio, busca la meditación y ella acabará viniendo a ti.































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