martes, 8 de enero de 2013

“Asturias, estoy hecho de ti”


He visto lo que haces en otoño 
con los caminos
cuando te abrigas del frío 
con las hojas secas,
y cómo después 
escondida en la niebla,
desnudas las ramas poco a poco
sin que nadie te vea.

He oído a este mar
gritar tu nombre
entre las olas violentas,
olas que en su fragor batiendo
van empujando mi Asturias tierra adentro,
todo en mi 
te viene a echar de menos si estoy fuera,
todo en mi
está hecho de tu esencia,
pero es este mar tuyo, y mío y nuestro
a quien mi antojo más anhela.

Llegar a ti
que abundas en ramajes
y veredas,
me sabe a vientre, cuna, y lecho, 
en esa virgen pequeña que veneras
hayas testigo mudo a todo ello.

Me recibes siempre con tu recia locura,
a mis ojos anuncias por doquier horizontes
con tus cumbres de siluetas hechiceras,
así me impones severa tu estatura
para luego ir peinando en las laderas,
de seda verde tu melena
hasta llegar a tocar la arena.

Cuanto te amo tierra mía!!
de escarcha tengo el alma,
mi sangre pura derrocha asturianía,
si no estoy en ti,
un poco de ti muero,
y si tu ausencia me pide poesía,
en mis letras, de no estar contigo,
con tu falta me enveneno.

Eres más tú 
cuanto más lejos,
y cuanto más cerca
yo soy más completo,
por eso pedí morir en tus brazos,
ahógame pués en tus cauces,
secuéstrame entre tus hayedos,
vertebra este idilio en tus playas,
quiero yacer contigo entre tus senos
y que en tu vientre descanse por siempre
esta alma mía,
te he llevado tanto en mi,
que en ti, por ley, 
habré de morir algún día.

martes, 16 de octubre de 2012

Existe Dios?




Hoy en día, especialmente en los países desarrollados, la idea de un Dios creador todopoderoso, sucumbe paulatinamente a manos de un materialismo recalcitrante y compulsivo cuyo dogma parece querer decir…”no hay más verdad que la que se ve”.

El descrédito en el que ha caído la iglesia en el caso del Cristianismo, por ejemplo, no ayuda a que sus principios se mantengan al alza, y aquel propagandístico “temor de Dios” que ya anunciaban las escrituras mucho antes incluso de que Pedro fuera la primera piedra, pasó a mejor vida cuando la mano dura de la iglesia dejó de revolotear sobre los mofletes de los escolares.

Actualmente la espiritualidad ha pasado a ser, en muchos casos, una revolución autodidacta, una rebeldía manifiesta contra los valores impuestos, un quiebro al pasado. La demolición de los credos imperativos frente a los nuevos valores y doctrinas de cierta inconsistencia o excedidas en misticismo, acaban por reducir la tónica a un laicismo tan poco alentador como discutible dado que ahora la pregunta es, “Y si no hay Dios, ¿Qué hay?”, al final la respuesta es que, por narices…tiene que haber algo, concluyendo en que uno siempre esta buscando en realidad mas allá de lo que se ve, sin embargo, si no se ve, no se cree, curioso galimatías.

A mi modo de ver, lo primero que deberíamos preguntarnos, es el por qué de esa búsqueda. ¿Es una necesidad saber que existe alguien o algo que nos ha creado?, ¿Es mejor si realmente es así?. Parece ser que a la vista de una popular promesa bíblica, tenemos una estancia, gastos pagos, y con cargo a algún inversor celestial, en un lugar llamado Paraíso, donde además de que Paco Montesdeoca tendría bastante fácil de atinar en el parte meteorológico diario, no hay colas en el Inem, no existen ni los dentistas, ni la grúa, ni Telecinco, y todas la tías estarían bañadas por un sugestivo halo de luz, es decir, tendrían mas de dos aureolas, una pasada oiga! No puedo dejar de imaginarme a San Pedro cuando el Altísimo le anunció que a partir de ese momento iba a currar allí de portero, colocando las pulseritas de “todo incluido” a cada quisqui que la espichara. Seguro que el pobre Pedro, que era más de ir a la lubina, se quedó de “piedra” por el susto, y de ahí vendrá mas probablemente eso que cuenta la Biblia que le dijo Jesús… que es que lo malinterpretan todo carajo!

Así que esa idea de unas vacaciones perpetuas que albergan la posibilidad de una vida después de esta, de un “no se acaba aquí la cosa”, de un “no desaparezco”, a priori se presenta muy golosa contemplada en los estatutos de cualquiera de las religiones presentes, resulta curioso que ninguna de ellas augura un final definitivo en el que nada queda de nosotros para después.

Esa garantía de no dejar de existir a la que esta sometido nuestro más arraigado apego, nos pide creer en algo que nos provea del billete de ida hacia otra vida, algo que nos asegure que no dejamos de existir. Es esta una de las razones que en esencia nos llevan a tener fe en una u otra tendencia religiosa, no queremos morir nunca, no queremos deshacernos de nuestras pertenencias, de nuestros seres queridos, de nuestros sueños… y la religión, te soluciona este problema.

El apego no es un concepto religioso, es la adhesión de nuestra mente, nuestro yo, nuestro ego, a todo aquello que cree que le conforma. Esto es compartido indistintamente por religiosos y profanos, así que por muy ateo que se quiera ser, el deseo de una vida eterna subyace en lo más profundo de cada individuo, al fin y al cabo, es miedo a dejar de existir. Esa necesidad de darle un sentido a una vida que empieza y acaba sin ningún fin aparente, no deja de contener un matiz espiritual que bien se acerca a la religión, lo queramos o no.

Otra de las razones que más ha favorecido la proliferación de las religiones en las sociedades antiguas, es la oferta de perdón. La idea de un Dios misericordioso que perdona todos tus pecados quizás sea una de las mejores estrategias de marketing de la historia. "Hazte musulmán y todos tus pecados serán perdonados (da igual lo que hayas hecho, ya sabemos que hay unos mandamientos a seguir, pero si te los has pasado "por el forro" y te apuntas a nuestra religión, haremos la vista gorda) y si de paso nos traes algún amiguete, te llevaras un microondas de regalo y un horno "paleolítico", de esos que se limpian solos".

No cabe duda de que los preceptos que proponen las distintas religiones contemporáneas, aunque susceptibles de ser perdonados con una socorrida oración en caso de saltárselos, promueven la bondad, la generosidad, el respeto por la vida y por el prójimo, y abogan en común por la consecución de un mundo mejor donde todos somos hermanos. Esto ha sido, junto a la promesa de vida eterna y el perdón de nuestros pecados, el otro leitmotiv que nos ha atraído "ciegos de fe" hacia las distintas vertientes espirituales. Pero por un lado, el hecho de que el miedo, tanto a que no haya nada después de la muerte, como a un castigo divino, y por otro lado la búsqueda de un mundo mejor, sean las razones que nos han llevado hacia la religión, no acaba por resolver la cuestión primordial de si Dios existe o no.

No podemos confiar que Dios sea aquel que se dirigió a Moisés en la montaña, o a Abraham, la interpretación de las escrituras del Antiguo Testamento, de donde nacen varias de las religiones que hoy conocemos, está basado en manuscritos mal conservados y en una tradición oral cuya interpretación es muy alegórica, carece pués de rigor alguno. En los Vedas, muy anteriores a Jesucristo, los Evangelios, o sobre la vida de Mahoma, Brahma, Mahavira o Buda existe información algo más contrastada y fidedigna para comprender cual fué la relación de estos con una deidad. Algunos eludían la existencia de ese Dios, otros parecían tener línea directa con el mismo, ¿Con qué idea nos quedamos? ¿Cuál de ellos estaba más chiflado? o quizás no se trate de locos, tal vez fueron unos hábiles manipuladores, o quizás personas con una sensibilidad especial y un magnetismo desbordante.

Los locos pierden credibilidad a corto plazo víctimas de sus propios actos, y los muchos manipuladores que en el mundo han sido, aunque hayan podido perpetuar su hegemonía durante bastante tiempo, jamás habrá sido tanta la permanencia de su legado como lo ha sido el de los profetas de algunas de la religiones que hoy pueblan nuestro planeta. Cabe pensar que estos "enviados" por Dios, fueran en realidad personajes de una cualidad verdaderamente excepcional, quizás a través de ellos encontremos la respuesta a si realmente existe Dios o no, abandonemos las doctrinas, y fijémonos en las personas que las promovían.

Parece claro que una característica común a cada una de estas tan especiales personas, era su enorme capacidad oratoria y su gran poder de convocatoria. No es extraño que un predicador con un gran carisma, cuyo slogan augura el perdón de los pecados y la vida eterna, atraiga multitudes a su presencia. El poder de sugestión que un líder iluminado puede tener sobre un ignorante conjunto de seguidores crédulos, sin cultura y educación alguna, puede ser asombroso, máxime si no se descarta la probabilidad de algún milagro en aras del enorme poder de la sugestión y la psicosis colectiva, y el añadido de alguna exageración plausible de algún que otro hecho, cuando menos extraño, que atribuya ciertos poderes a su autor. Pero aun así, por muy divina que llegue a ser la figura del emisario, ni estos muy dudosos "milagros" confirman la existencia de Dios, ni el éxito de masas que llegaron a tener se justifica en su existencia, solo en promesas, lo que nos lleva a pensar en que, no hay nada que demuestre en la historia de la religión que Dios realmente existe, nada.

No se me malentienda ni se me odie por hereje, o iconoclasta, no trato de desmitificar la existencia de Dios por falta de pruebas, simplemente trato de reducir a su esencia las razones por las que existe, con el fin de llegar a encontrar algo de real en ellas, liberar a Dios de su atuendo y sus alhajas, y una vez desnudo, ver si queda algo sometible a juicio, o por el contrario no queda nada, más que una ancestral y auxiliadora ilusión. Parece ser que ni los textos antiguos son esclarecedores, ni los distintos profetas nos han aportado razones lo suficientemente reveladoras, ni los distintos credos de hoy en día han podido demostrar su presencia si no es auspiciada por la palabra "fe".

Y desde aquí, cuando en síntesis parece que nada demuestra que Dios existe, es desde donde podemos partir para ver si desde otra perspectiva esto es verdaderamente cierto.

Hay algo que he podido encontrar como denominador común en toda religión y creencia, y principalmente en sus profetas, me refiero a la compasión. Esta es la palabra que a mi modo de ver, define los principios de cualquiera de las religiones, filosofías, y dogmas que en el mundo han existido. Al fin y al cabo la compasión, es el amor por el prójimo, y el amor, es el sentimiento mas profundo y esencial en todo ser, principio y fundamento además para la continuidad de la vida.

Partiendo del hecho de que el amor y la compasión son emociones muy arraigadas en el ser humano, a mí me es más fácil pensar que la religión ha sido creada por los hombres y no alentada por un Dios externo que dictaba unas leyes a seguir. Puede que la llamada interior de aquellos profetas, hombres con una gran percepción y gran capacidad introspectiva hubieran escuchado el mensaje de su propio Ser interior y en lugar de hacerse propietarios de esa capacidad preclara para entender la vida, pensaran que su propia intuición es el lenguaje con el que un Ser Superior, un Dios, se dirigía a ellos. Cualquiera que haya experimentado los dictados de su propio Yo interior podría pensar que ese mensaje sutil que nos ayuda a caminar por la vida de una forma plena y consciente, perfectamente podría venir de un ser externo, una entidad fuera de nosotros que nos dirige acertadamente si somos capaces de conectar con ella. Buda, Mahavira, Lao Tse o Bodhidharma, entendieron esta voz de manera contraria al resto de los profetas, ellos entendieron que esa llamada, provenía de su propio interior, no de un Dios exterior que vela por nosotros y nos sugiere unos mandamientos para vivir en armonía, esas leyes, para los orientales, son en realidad la música de la Unidad buscando la armonía a través de la compasión, el amor y el desapego en nosotros mismos.

A mi modo de ver, Dios es la luz interior a la que cada cual tiene acceso si aprende a mirar dentro de si, a observarse a si mismo como espectador, a silenciar la mente. Es la intuición que dirige tus pasos en la vida, es el latido que te hace sentirte parte de un Todo, tu y todo lo que existe una misma cosa, de ahí surge la compasión, la bondad, la generosidad,…el amor, sin lugar a dudas, y a pesar de las malas interpretaciones que en la historia se hayan llevado a cabo sembrando muerte y destruccion, es lo que ha dictado los principios de todas las religiones, no Dios.


Todo lo anterior nos demuestra que no es necesaria la existencia de un Dios para garantizarnos la vida eterna, hay otras religiones que profesan esa continuidad de la vida, y no tienen una divinidad al mando. Esto me hace dudar de si la religión nace para realmente proveernos de esa perpetuación de nuestra existencia, o nace porque algunos iluminados han llegado a ver en lo profundo de su silencio, que cada cual forma parte de algo eterno, que no desaparece nunca y que tiende a la Unidad, al amor, todo una misma cosa, en comunión. Es curioso, porque cualquiera de las dos posibilidades es aceptable, en ti esta discernir cual de ellas es la correcta, quizás también tú debas preguntarle a tu silencio interior, en él seguro encontrarás la respuesta, pero primero has de aprender a estar en silencio, busca la meditación y ella acabará viniendo a ti.































sábado, 17 de marzo de 2012

"El cristal de Nerea"

El descuidado y fantasmagórico aspecto de aquella casa decía muy poco de lo que había sido en otro tiempo. Una reticulada malla de enredadera seca abrazaba por completo el perímetro de la fachada, dejando entrever la repujada mampostería que acostumbran a lucir las otrora floridas y hermosas casonas de indianos de aquella parte de Guipúzcoa.

Arrimé la cancela tras de mí, y atravesé el jardín por aquel camino empedrado de pizarras que de niña solía saltar de una piedra a la otra como jugando al cascallo. Subí las escaleras que llevaban a aquella entrada de apariencia tan señorial, y antes de golpear con el aldabón, me dí la vuelta, apoyé mi espalda en aquella robusta puerta, y por unos segundos me contuve observando aquel entorno.

Pensé en los gratos recuerdos de una edad en la que había sido realmente feliz, todo aquello me inspiraba una especial nostalgia. Cada vez que visitaba ese lugar, en mi mente jugueteaban entremezclados infinidad de preciosos momentos de mi infancia, aún así, la idea de tener que entrar sola en casa de mi tía Nerea no me agradaba especialmente. Desde que mi tío Arkaitz murió, todo empezó a volverse triste entre aquellas paredes, y apenas se volvió a ver algo de luz en aquella triste casa. Matilde, la asistenta, tenía orden de dejar las persianas a medio bajar por el día, y cuando llegaba la noche, una única lámpara de pie en el salón, iluminaba pobremente toda la estancia. Aquel caserón se había convertido en un sombrío escenario para la melancolía.

El año pasado tuve que ir a Oñate por la misma razón. Matilde se había ausentado unos días aquejada de otra lumbalgia, y como en el pueblo no hay nadie más que se haga cargo, me tocaba ir a mí que soy la que vive “más cerca”, como dice mi hermano. De Oviedo a Oñate hay casi cuatro horas, ahí es nada. Aquel día me llevé un susto de muerte cuando entré en la casa y me la encontré sobre la cama boca arriba, llorando, completamente desnuda y con el cuerpo entero pintado a pequeños trazos con una barra de labios. Mi marido, al ver que yo estaba completamente paralizada por el shock, recogió la bata que estaba en el suelo y se acercó a ella para taparla y tratar de tranquilizarla. El problema era que esta vez estaba sola, y ni siquiera sabía si Matilde le estaba dando correctamente su tratamiento, me aterrorizaba el hecho de encontrarme a mi tía en una situación similar a la del año anterior.

Me daba lástima pensar en que una mujer que había sido tan hermosa y tan tierna pudiera producirme algún temor, ojalá hubiera podido controlarlo pero, los nervios me podían. Recuerdo que cuando íbamos a verla los fines de semana, siempre tenía algo preparado para darme. Unas veces rosquillas de anís que ella misma hacia, o galletas recién horneadas, otras veces un puñado de avellanas o nueces que me reconducían de inmediato y al galope hacia las poderosas manos de mi padre para que me las cascara. Tía Nerea siempre tenía algún regalo de bienvenida para su querida sobrina.

Después de la muerte de mi tío, mis padres no me dejaban acompañarles a Oñate, decían que mi tía estaba muy malita. La última vez que fuí de niña, había pasado un año desde el atentado. Fuímos toda la familia a verle, mis abuelos y mis otros tíos también acudieron. 

Cuando llegamos a la casa salieron a recibirnos al jardín. La tía estaba preparando algo de picar para todos, así que salude esquiva y me dirigí rapidamente a la cocina. Al oírme se dio la vuelta, se agachó ligeramente y me cogió en sus brazos. Recuerdo que me dió un abrazo débil y desprendido, y a continuación un beso sin decir apenas más palabra que mi nombre en voz baja y con cierta ternura, parecía un poco ausente. Después fué recibiendo con la misma falta de efusividad a mi hermano y mis padres. La tónica de aquel día fué un permanente silencio común, una atmósfera de pena y tristeza parecía brotar de cada rincón de aquella morada.

Fuímos todos a la iglesia, y por la tarde, ya en casa, cuando por un momento me quedé a solas con mi tía, me apartó sigilosamente hasta el resguardo del lateral de aquella enorme alacena de la cocina, cogió mi mano entre las suyas, e introdujo algo en ella cerrando a continuación mis dedos sobre aquel incógnito tesoro. Era muy niña aún, pero ese cuidado que puso al dármelo, contuvo mis ansias por ver lo que era en ese instante, parecía querer ocultarlo a la vista de mis padres, así que correspondí con el mismo cuidado. Me miró a los ojos y se dió la vuelta sustituyendo ese semblante amable y distante, por una sonrisa estática y exagerada mientras se alejaba mirándome de soslayo. Mi padre dice que en aquel tiempo tía Nerea ya estaba más pa´llá que pa´cá y que no dejaba de ninguna manera que la llevaran al médico, lo del tío Arkaitz había acabado con ella.

Recuerdo que salí de la cocina disimuladamente, y mientras recorría el pasillo alejada de las miradas de mis familiares, abrí la mano para ver, con tanta decepción como sorpresa, que aquel obsequio no era más que un mísero trozo de vidrio transparente, un vulgar trozo de cristal. Menos mal que mis padres no le vieron dármelo, con lo aprensiva que era mi madre yo creo que hubiera reñido con mi tía, a pesar de que la visita era con motivo de algo tan delicado como el cabo de año de mi tío, pero menuda histérica estaba hecha mi madre, bastante le importaba.

Desde aquel día y cada vez que íbamos de visita, los gestos y comportamientos extraños de mi tía se hicieron más frecuentes. Una triste mirada perdida se dibujaba en su rostro de continuo, sólo alterada por alguna risa repentina descompuesta y sinsentido, que en mi ignorancia, recuerdo me hacia cierta gracia. Ahora lo pienso y la verdad, me dan escalofríos.

Yo no entendía mucho de lo que ocurría en aquella casa, lo que sé es que las visitas se fueron distanciando más y más unas de otras, y las pocas veces que íbamos a verla, mi madre no me dejaba pasar mucho tiempo en su compañía, siempre encontraba alguna disculpa para separarme de ella y que no pareciera forzado.
Intenté desalojar de mi mente aquellos recuerdos tristes de las últimas veces que de niña fui a ver a tía Nerea. También traté de no pensar en lo ocurrido el año pasado y focalizarme en el recuerdo de mi tía en todo el esplendor de su juventud, así que golpee repetidas veces el aldabón de aquella enorme puerta. Mi padre me había advertido que probablemente tendría que hacer uso de la llave porque mi tía apenas se movía de la mecedora del salón, salvo para ir al baño o a acostarse. Golpeé una vez más la puerta, introduje la llave y cerré con cierto cuidado una vez dentro.

Me encontraba de nuevo ante la majestuosidad de aquel amplio y pomposo recibidor que reñía absolutamente con lo vetusto y deslucido del exterior de la casa. Un enorme blasón con el que la Guardia Civil había obsequiado a mi tío en vida, llamaba la atención en la pared derecha de aquel vestíbulo. La luz que entraba por una vidriera sobre la puerta a modo de medio rosetón, me condujo hasta las dos puertas que daban paso al salón, decidí romper aquel silencio sepulcral dando muestras de mi presencia.

- Tía Nerea!!! Soy Edurne!!!- dije en voz bien alta una vez traspasadas las dos enormes puertas vidriadas.

- Tía Nerea, ¿estás ahí? – pregunté en tono más mesurado.

Estaba atardeciendo, y la penumbra en la que se encontraba aquel tétrico salón con las persianas medio bajadas, no me dejaba apenas advertir si efectivamente mi tía estaba sobre su mecedora como de constumbre.

Tenía ante mi aquel imponente reloj de carrillón al que, al final de nuestras ya esporádicas visitas, la mirada de mis padres recurría intermitentemente como queriendo encontrar en él la hora de irse de una vez de ese lugar que tanta tristeza les provocaba.

Su sonoro y siniestro tic tac había dejado de sonar. De alguna forma el tiempo parecía haberse detenido al entrar en aquella casa, como si hubiera encontrado sepulcro en aquel enorme reloj de pie. Me encontraba en el medio de aquel lóbrego salón a tantos años de aquellos recuerdos de mi infancia, y todo parecía igual. Procedí a subir una de las persianas para ver mejor, pero ni rastro de mi tía. Continué llamándola al embocar el pasillo que llevaba a la cocina.

- Tía, estoy aquí, soy Edurne, ¿Dónde estás?

La cocina estaba tal cual hacía 25 años, salvo por un bonito mantel que el año pasado se me ocurrió llevar con la sana intención de darle un poco de vida a esa penuria de decoración. Viéndolo después de tiempo y en frío, me di cuenta de que probablemente me hubiera excedido en lo colorista, chocaba demasiado.

Empecé a preocuparme un poco y a tener una extraña sensación de soledad, lo cual era difícil puesto que mi tía, después de lo de mi tío, apenas había salido de casa más que para ir al médico, u ocasionalmente al hospital por alguno de sus recurrentes achaques.

Subí casi a oscuras las escaleras que daban al piso superior, acariciando aquel suave y torneado pasamanos de castaño por el que alguna vez mi tío me había bajado a horcajadas. Recuerdo una vez en que me deslicé tan rápido, que me escape de sus manos y fui a parar con el pompis contra una especie de pináculo, con forma piña boca arriba que culminaba la balaustrada. Mi tía Nerea nunca reñía pero, con una mirada, mi tío supo entender de sobra que a ella, aquel juego le parecía peligroso y no debía de repetirse, como así sería en lo sucesivo.

Recorrí cada una de las estancias del piso de arriba, empezando por su habitación, mientras le llamaba en un tono cada vez más alterado debido a mi extrañeza y preocupación.

- Tía Nerea, ¿Dónde estás?, ya llegué.- Repetí una vez más ya con cierta inquietud.

Bajé de nuevo las escaleras a tientas. Los nervios me hicieron tropezar con una de las muchas fotografías enmarcadas de mi tío que había por toda la casa. Mi tía era bastante bajita, y muchos de los retratos o fotos estaban colgados a una altura casi ridícula por decisión de ella, le gustaba pararse de vez en cuando para darle un beso a su querido Arkaitz. Yo no podía evitar emocionarme ante tanto amor y tanta pena. Estos últimos años que he podido ver a mi tía mas a menudo, no era extraño el día que Javi me pillaba alguna lagrima en la mejilla, al meternos en el coche, después de despedirnos de ella.

Colgué de nuevo el marco en la pared y me encamine hacia el salón, a través del cual se accedía a un gran porche que daba a la parte de atrás del jardín. Estaba atardeciendo ya aunque no hacía mucho frío, y no era constumbre en ella pero pensé que quizás habría salido un rato a tomar el aire, la primavera ya empezaba a regalarnos alguna que otra tarde agradable. La puerta al exterior de la casa estaba entreabierta, buena señal, así que salí para inspeccionar el terreno.

- Tía, ¿estás ahí?, soy yo, tu sobrina.- Anuncié desde la entrada

Aquel apéndice de la casa estaba a resguardo de la intemperie por una sólida cubierta que descansaba sobre dos voluptuosas columnas de piedra en las esquinas. A los tres flancos, unas escaleras con las juntas pobladas de hierbajos conducían a pie de jardín. En el centro y antes de emprender las escaleras, una gran mesa baja de madera oscura presidía aquel púlpito a modo de mirador, y tres sillones de mimbre la cercaban por tres de sus lados, dejando libre el frente que permitía otear aquel increíble paisaje. Qué entretenidas las tardes de verano bajo aquel acogedor resguardo del calor, jugando con Blas, el cachorro de pastor belga de mis tíos.

Mientras me acercaba, pude advertir que un cojín sobresalía sobre el cabecero del sillón de tres plazas, lo que me sugirió la presencia de mi tía, probablemente se hubiera quedado dormida y no me oía.

- Tía, que soy Edurne, llevo un buen rato buscándote!!!- pronuncié con cierta efusividad para anticiparme, no quería asustarla si se despertaba y me encontraba de frente.

- Tía Nereaaaaaa!! - repetí mientras apoyaba mi mano izquierda sobre el borde del sillón para bordearlo y poder verla.

- ¿Tía Nerea? ¿me oyes? soy yo. - mi voz se volvió trémula al ver su rostro levemente orientado hacia arriba con la boca entreabierta y sin dar contestación.

Mi tía estaba muy enferma, llevaba ya muchos años tomando infinidad de pastillas y su hígado estaba también resentido, no se si tanto por culpa de los medicamentos o por un tiempo, no muy atrás, cuando Matilde aun no venía, y bebía casi a diario. Me temí lo peor, tenía tan sólo 49 años pero todos sabíamos que pronto ocurriría, su corazoncito no iba a aguantar mucho más.

- Tía!!! despierta!!!- dije un poco más alto sin mayor esperanza de respuesta.

La palidez de su cara y la postura de sus brazos no me decían nada bueno. Me agaché hasta coger su mano derecha, acerqué mi mejilla a su boca, y esperé unos segundos. No respiraba, mi tía no respiraba, estaba muerta, no había duda, aún así volví a acercar mi oreja a su boca y su nariz. Nada, mis manos en su pecho atestiguaron lo que mi oído parecía advertir. Traté de tomarle el pulso pero no fui capaz de encontrárselo, era inútil, mi tía Nerea ya no estaba allí. Su mano aún no estaba fría del todo, probablemente no hacia muchos minutos desde su último aliento.

Deje caer cariñosamente esa mano tan fina resbalando entre la mía y me incorporé. Estaba frente a mi tía sin vida y me sentía extrañamente serena, puede que un poco absorta por la inesperada situación, pero los nervios y la inquietud con que había ido buscándola por cada rincón de la casa se habían disipado, dejando paso a una sensación de paz y relajo que, no lo puedo negar, me hizo sentir algo culpable.

Quise quedarme por un rato mirando a aquella mujer a la que tanto había querido. Me senté sobra la mesa baja, frente a ella, apoyé los codos sobre mis piernas y mi barbilla descansando sobre las manos, y me quedé mirando durante un rato aquel rostro amable que tantísimos recuerdos me traía. Hacía tiempo que no la veía tan bien arreglada. Qué guapa había sido, y se podría decir que en realidad lo era, viéndola así incluso a pesar de su palidez. Una preciosa bata fina de color azul cielo con plisados en la cintura y hasta el pecho llegaba a tapar sus piernas casi por completo, dejando ver sus pies descalzos colgando, y bajo ellos, en el suelo, unas zapatillas de color rosa tan pequeñas como pequeños eran sus pies, esperaban pacientes el momento de conducirla hasta su habitación, como todos los días al anochecer.

Observé que a su lado, en el sillón, había una caja metálica estampada, de esas que usaba la abuela para guardar las galletas o las cosas de coser. La cogí para apoyarla en mi regazo y le quité la tapa. Un montón de instantáneas y fotografías en papel se entremezclaban con algunos sobres de carta y varios bocetos de retratos inacabados, pero el peso y el sonido de aquella caja parecían ocultar algo más contundente. Saqué todo el material de papel y las fotos, y pude descubrir bajo todo ello, un puñado de cristales planos con forma irregulares esparcidos por la caja. No reparé mayormente en ello aunque me chocó encontrarlos junto a otras cosas tan personales como una carta, en cuyo sobre se leía en letra bien visible “CARTA A MI ARKAITZ QUE ESTA EN EL CIELO”.

Cogí el sobre y por un instante dudé si abrirlo o no. Entonces me vino a la memoria cuando mi tía recién casada y siendo yo todavía muy niña, no tendría mas de 12 años, gozaba lo incontable hablándome de mi tío y de lo enamorados que estaban. Me decía que algún día yo encontraría también un hombre bueno y cariñoso que me haría muy feliz, pero eso si, nunca se me olvidará que siempre insistía en que yo tendría que ser una chica sobretodo sencilla. Decía que los hombres de verdad no querían a las mujeres sofisticadas, que eran muy complicadas y que ellos sólo querían una mujer que no les diera muchos quebraderos de cabeza.

Mi tía Nerea solía hablarme muy a menudo sobre el amor y sobre mi tío y lo guapo que era, en realidad yo supe lo que era el amor a través de ella, sin duda era la pura imagen de una mujer enamoradísima y apasionada. Pensé que a tenor de tantas confidencias que conmigo había tenido, si alguien había que pudiera leer sus cartas, quizás pudiera ser yo. Realmente presentía que a mi tía no le molestaría.

Levanté la solapilla del sobre y saqué el folio doblado que contenía aquellas, seguramente muy tristes palabras. Lo desdoblé y advertí que estaba manuscrito con una caligrafía y un orden extraordinarios, sin embargo, muchas de las letras estaban corridas o se veían difusas. Tía Nerea solía aplicar unas gotas de perfume o esencia en sus cartas para darles un toque evocador, por eso sus postales siempre nos llegaban ensobradas, así no perdían la fragancia. Aún permanece en mi memoria el olor a azahar que nada más abrirlo mi padre, desprendía aquel sobre con una postal de Granada. En otra ocasión, también durante su luna de miel por el sur de España, nos llegó a casa otro sobre con una postal en la que parecía distinguirse un pequeño corazón, tras el texto que la tía había dibujado con el dedo mojado en aceite de oliva. Más original aún fué la que nos envió un verano desde Ribadesella, que juraba haber metido bajo el chorro de la sidra en pleno escanciado y procedido a secar urgentemente para que la letra no saliera muy perjudicada. También aquel olor acre se olisqueaba tenue al abrir el sobre con su postal dentro. En todas sus misivas la letra se veía mas o menos afectada por alguna sustancia o esencia con un fin sugestivo y evocador, era como su rúbrica.  Supuse que en este caso con razón de más, y aunque acerqué el papel a mi nariz, no se olía nada mas allá del aroma rancio del papel después de tantos años, asi que la culpa de esas letras corridas muy probablemente fuera de aquel perfume al que mi tía permaneció fiel durante toda su juventud y que solía reinar en aquella casa cuando íbamos de visita. Ese agradable olor fué otra de las muchas cosas que se llevo mi tío Arkaitz con su trágica muerte.

Me levanté para poder ubicar el cojín detrás de su cuello de forma que pudiera tener su cabeza más incorporada y la boca cerrada, quería mirarla mientras leía su carta, hacia tanto tiempo que no veía a mi tía así de guapa.

Procedí a llamar al hospital sin alarmarles. Les apunté que era ATS y que una familiar mía había fallecido en la calle Camino de Somonte número 4 en Oñate. Les hice saber que todos los síntomas parecían indicar que había sufrido un ataque al corazón, mostraba cianosis no muy marcada por lo que no haría más de un cuarto de hora. Añadí que había tenido varios amagos recientemente, y que la había encontrado en su sillón con la mano izquierda en el pecho bajo la bata, lo que era bastante significativo, les di su nombre y colgué.

Mientras venía la ambulancia desde Mondragón, tendría un rato precioso para compartir con aquella mujer que tanto había sufrido y tanto amado. Mientras la miraba, volví a acercar el folio a mi nariz para apreciar el aroma del tiempo, y luego a mi mejilla para dejarme acariciar por sus palabras y sentirla más cerca, luego me dispuse a leer.


Aún puedo escribirte estas palabras mi amor, quiero aprovechar ahora que mi juicio todavía me ofrece alguna tregua. Sé que todavía no soy consciente de que ya no estás conmigo, mi mente no me deja aceptarlo y tengo miedo, sé que mañana será peor y no tendré fuerzas para superarlo.

Hoy he vuelto a hacer café para dos, y sigo sintiendo ese cosquilleo que me anuncia tu inminente llegada del trabajo al acabar la jornada, pero no oigo el ruido del coche, ni la puerta que se cierra después de clamar - “¿Dónde está mi princesa?”, ya no oigo más que el silencio que me has dejado.

Maldigo por siempre a estos miserables que te han asesinado. Con tu muerte se han llevado mi alma que llora noche y día, mientras aguarda el momento de encontrarse de nuevo contigo. Malditos asesinos de sus hermanos, malditos una y mil veces, por siempre malditos, espero que algún día acaben pagando tanto dolor que han causado a su pueblo.


- Hijos de puta, cuanto los odio. - Dije para mí con rabia contenida mientras apretaba fuertemente mi puño. Cuánto daño han hecho a mi familia y a tantas y tantas personas inocentes. Mi tío no fué el único que murió esa tarde en el atentado del cuartel de Oñate, otras seis personas inocentes dejaron allí su vida, y muchas fueron gravemente heridas.

No sabía lo que era sentir odio, nunca imaginé que un sentimiento así pudiera apoderarse de mí, y lo lamento profundamente pero no puedo contenerlo cariño, me han dejado sin nada, vacía, de todo, vacía de sueños, vacía de amor, vacía de ti. Ni te tengo ni soy nada si ti, ni podré serlo, sé de sobra que no podré con tu ausencia. Antes había fuego, y luz, ilusión y vida en mi alma, y ahora no me queda nada. Los días se han hecho noche y las noches, en vela, se han convertido en un infierno.

Doy gracias a Dios por haberme dejado despedirme de ti llevándome tus últimos besos. También te doy gracias a ti, mi amor, por dejarme verte partir con una sonrisa en los labios mientras tu cuerpo desgarrado sucumbía en mis brazos.


Mi madre me había contado muchas veces cómo había sucedido todo, tantas como se lo había pedido con mi implacable insistencia, y eso a pesar de que yo sabía de sobra que no le era plato de buen gusto.

Coincidencias del destino, tía Nerea había tenido turno de mañanas en el hospital, así que aquella tarde, al llegar de Mondragón, fué a cortar el pelo sin pasar por casa. Desde la peluquería casi se podía ver el cuartel tras los árboles de la plaza del pueblo. Estaba lo suficientemente cerca como para que la explosión llegara a esparcir por toda la sala los miles de cristales en los que se partió el escaparate. Por lo visto Laura, la peluquera, trató de agarrar a mi tía que había salido despavorida hacia el cuartel, mientras las demás, aun conmocionadas, intentaban tratar de percatarse de lo que había podido ocurrir.

De camino hacia el cuartel, se iba encontrando gente alejándose del lugar gritando presa del pánico y el miedo a otra explosión. Cuando llegó al edificio, vio el humo salir por todas las ventanas de la planta baja, incluso a un agente visiblemente malherido dejándose caer por una de ellas hasta el suelo. En ese momento salían cuatro civiles gritando, con las manos en la cara y esquivando como podían a varios heridos que se arrastraban por la acera, frente a la entrada del cuartel.

Una vecina que relató los hechos posteriormente, dijo que desde su casa pudo ver a mi tía cómo se paraba un segundo al llegar y encontrarse con aquella escena dantesca, y cómo inmediatamente se dirigió corriendo hacia la entrada, saltando por encima de uno de los agentes, y entró sin reparo alguno en aquel edificio en llamas.

Varios funcionarios que bajaban de la segunda planta, recordaron haber visto a una mujer entre el humo gritando desconsoladamente el nombre de Arkaitz.

Tía Nerea le dijo a mi madre que ella ni por un segundo se fijo en las llamas, ni en los heridos, ni en ningún peligro, solo en encontrar a su hombre, eso era lo único que existía en su cabeza.

Tardó en salir del edificio unos minutos que se hicieron eternos. Cuando por fin lo hizo, traía arrastrando a su Arkaitz cogido como podía a sus hombros, prácticamente colgado de ella, con la cabeza mirando al suelo y tosiendo convulso. El uniforme despedazado por la metralla permitía ver los regueros de sangre que las numerosas heridas dejaban correr por sus brazos y piernas casi desnudas.

A unos metros de la entrada del cuartel, exhausta, cayó de rodillas, apoyando a Arkaitz en su regazo y abrazándolo contra su pecho mientras lloraba y le decía lo mucho que le amaba besándole sin parar, sabía que su hombre iba a morir allí mismo.

Mi madre no llegó a leer un articulo en el que uno de los sanitarios de urgencia que acababan de llegar, decía haber escuchado a uno de los agentes herido decirle a la mujer que lo abrazaba, que le esperaría en el cielo. Aún guardo ese recorte de periódico pero nunca quise que mi madre lo viera para no acrecentar su temor a que mi tía cometiera alguna barbaridad llevada por la desesperación.

Miré de nuevo y con la misma pena el rostro de aquella buena mujer. y luego lleve mi atención por un segundo a sus manos, esas preciosas manos que en aquel momento tan trágico acariciaban a su querido Arkaitz. Luego seguí leyendo.

                       
He guardado cada uno de los cristales que mientras íbamos en la ambulancia fui arrancando uno a uno de tu cuerpo, entonces ya te habías ido, ya estarías en el cielo cariño. Limpié la sangre de tu rostro y peiné tu cabello con mis dedos mientras te cogía una mano que apreté fuerte contra mi pecho, estuve a tu lado en todo momento, como lo estaré de nuevo el día que Dios lo estime. Sólo le pido que no me castigue con el horror de pasar por la vejez para volver a verte, no podría esperar tanto tiempo amor mío.

En ese momento comprendí que la vida había sido compasiva con tía Nerea al llevársela tan pronto, al fin y al cabo casi vivía ya en otro mundo. Estaba agitada por la emoción y me estaba costando no llorar pero, antes de seguir leyendo, como acto reflejo de sorpresa, inspire profunda y rápidamente tapando mi boca con la mano.

- Dios mío!!! el trozo de cristal, ahora lo entiendo.- dije mirando atónita para aquella caja de metal sobre el sillón.

En aquel momento me di cuenta de que aquel trozo de vidrio que me había dado en secreto de niña, probablemente era uno de los fragmentos que fueron a parar al cuerpo de tío arkaitz por causa de la deflagración. Por alguna razón mi tía quiso que yo tuviera uno de esos pedazos de cristal, quizás para que cuando madurase y supiera al detalle cómo ocurrió todo, no olvidase nunca que mi tío fue asesinado y quienes fueron los que lo hicieron. Aún guardo aquel trozo de vidrio, nunca supe muy bien lo que significaba, pero, aunque mi tía ya estaba un poco ida de aquella, tuve la intuición de que algún valor debía tener para ella.


Me despido jurando en esta carta mi amor eterno a ti, serás el único hombre que hayan acariciado mis manos y los últimos ojos a los que habrá mirado mi deseo. Tú serás el único en mis sueños y no habrá en mi corazón espacio para más lugar que el que tú ocupas en él, ni más territorio en mis labios que el que ocuparon tus besos, ni más "te quieros" que los que iré guardando para ti hasta que muera de nuevo, como hoy muere mi corazón a todo. Aquí dejo mi cuerpo testigo de tanto amor, un cuerpo al antojo del tiempo clamando su partida, un cuerpo inanimado obligado a renunciar a su cordura.

Nerea arde contigo allá donde tanto afecto, y hasta ese día en que me una contigo, dejaré de ser sólo para ser contigo. Mi mente y toda yo, no podemos por más que sucumbir a este tormento, no me pidas más mi amor, ni puedo, ni quiero. Mi pensamiento no puede si no vivir contigo, y si no vivo contigo en vida, al menos podré vivir en tu recuerdo, aunque deba pagar por ello con la locura.

Espérame allá en el cielo, vestido de gala con tu uniforme verde, que algún día, amor, volveré de seguro a verte.

Tu princesa Nerea.



Las lágrimas me impedían leer a duras penas las últimas palabras, jamás había visto mayor muestra de amor, cuánta tristeza, no podía parar de llorar.

Entendí claramente que mi tía sabia que su dolor no le iba a dejar vivir en la cordura, su pena era tan grande que prefirió, antes que el suicidio, vivir en la demencia de una permanente ensoñación, confiando en morir pronto para liberarse por fin de su pena y volver al lado de su marido.

- Dios mío ¿cuánto sería tu dolor? – dije volviendo a mirar su cara cada vez mas pálida.
           
Y luego, por un momento, una sonrisa de complacencia invadió mi rostro al pensar que tía Nerea ya estaría en brazos de su querido Arkaitz, en un lugar hermoso, alejado de tanta tristeza y amargura, donde por fin la luz alumbraría ese inmenso amor eternamente.

Miré después las letras corridas, esta vez a causa de mis lágrimas, y comprendí, que en aquella carta, quizás nunca hubo ningún perfume.
           


           






viernes, 2 de marzo de 2012

"Manifiesto Facebookiano"

He recibido tantas notificaciones en las cuales se me anunciaba que a alguien le gustaba mi enlace, que intuyo que el día que realmente me case, será algo verdaderamente apoteósico. A muchos, además, no sólo les gustaba mi enlace, también les gustaba mi estado. Al principio creía que se referían al estado español, pero... no es mío sólo carajo, es de todos, gústatelo a tí mismo ¿no?, a ver si se me va a echar Hacienda encima a mi solíto. Vistas con cierta gracia, estas  son algunas de las particularidades más curiosas y simpáticas del Facebook en nuestro primer iniciático contacto.





Mi romántico encuentro con esta red social fué algo puramente coyuntural. Acuciado por los comienzos de una crisis galopante que repercutía en cada vez menos labor de campo, me fuí viendo poco a poco confinado a mi oficina hasta llegar a pasar en ella la mayor parte de mi jornada laboral.

La preocupación por la problemática económica que se cernía, la falta de actividad que redundaba en el más contumaz aburrimiento, y una poderosa problemática personal y familiar no deseable ni a mi peor enemigo si lo hubiere, despertaron en mi una necesidad casi vital por distraer mi mente y evadirme de una realidad desagradable cuando menos.

Lo cierto es que por cortesía de alguna amiga que en su momento ejerció de alcahueta, ya había recibido algún correo en el que se me invitaba a una cita a ciegas con esta red social aún desconocida para mí. Fuí eludiendo durante algún tiempo esas primeras invitaciones, hasta que un buen día, debido a la frecuencia de las mismas por parte de otros también, mi curiosidad me llevó a inspeccionar, me hice miembro, y no lo puedo negar, el flechazo fué casi inmediato.


No me importaba mucho la cantidad de amigos que tenía pasado un mes, lo que me importaba de verdad era la calidad de los mismos, y digo calidad porque a algunos de ellos hacía más de quince años que no veía, otros vivían a miles de kilómetros, y algunos otros eran personas que conocía de muchos años atrás, con las que tenía muy poco trato, pero a las que siempre tuve interés por conocer mejor, ahora sin embargo, chateábamos un poco todos los días, era algo chocante. Podría decir que de alguna forma, con mis amigos más próximos tenía la misma buena relación de siempre, aunque más frecuente, y con los menos amigos comenzaba a tener una más cercana e íntima relación, así que la primera consecuencia  del Facebook en mi vida, fué que los vínculos se acentuaban y se enriquecían de forma natural, aunque también artificiosa, esto sin duda era algo positivo.

Es obvio que el resguardo y cobijo de una pantalla de ordenador desinhibe y favorece inestimablemente la interacción social, aún así, son otras múltiples y variadas bondades las que podemos atribuir a este "trampolín" para las amistades.






Nos desnuda:


El Facebook nos abre más a los demás. Se podría decir que de una manera forzada e inevitable, nos empuja a mostrarnos y exponernos vulnerando casi de motu propio nuestra más epidérmica intimidad. No importa lo hermético que seas, lo introvertido, lo más probable es que entre todos tus innumerables comentarios y publicaciones, los demás podrán obtener suficiente información como para hacerse un esquema preclaro de tu realidad más personal, aunque tú apenas te apercibas de ello.

Pronto comprenderás que quien tiene una cuenta en Facebook, esta sometido a esto, por otro lado, también aprenderás a observar que sales indemne de esa inocua exposición social, y que normalmente no hay tanto que esconder en la vida de uno como para que los demás se recreen en destruirlo o usarlo en tu contra. No olvides que tus gayumbos o tus bragas las conoce casi todo el vecindario, tu tendal se ocupa de ello cada día, y al fin y al cabo te importa un pijo.







Estimula el romanticismo:

Buenos días princesa!! Qué frecuente es esta frase entre los Facebookers enamorados. Que tostón!! Hay quien además acompaña esta apasionada alocución matutina con su correpondiente escena de la galardonada película de Benigni.




También se estila la socorrida publicación a modo de fotomontaje, donde el omnipresente corazón, es cogido a la par por las manos de los dos amantes, todo ello maquillado con un sugestivo halo de fantasía "Piterpanesca" sobre un purpúreo fondo de mar al atardecer. Los más sagaces, suelen encriptar el mensaje que acompaña a estas ilustraciones con alguna frase ininteligible, que obviamente solo reconocen ellos, y que deja muestra latente de su gran complicidad.

A mí, me desgarran sobremanera los mensajes sin artificio ni complemento, explícitos y transparentes, a viva voz, esos que hacen alarde de valor, mostrando a graderío sus más sinceros y profundos sentimientos y su reconocida sumisión. Es cierto que en muchos casos esto actúa como una muestra de fe hacia su pareja, y suelen ser ellos los que más a menudo se exponen de esta guisa, yo digo, ole tus huevos!! muy bonito, pero... quien te verá mañana haciendo pública burla y repudio del amor con el mismo arte que hoy lo ensalzas y veneras. He aquí los perjuicios del nuevo timeline de nuestra biografía, siempre puedes volver a tu pasado y ver la ridiculez de tus posteos.



Nos enseña a compartir:

Un lugar donde el mecanismo de interacción más al uso es "compartir", a mí particularmente, ya por definición, me gusta. Las noticias más sonadas, las fotografías más ocurrentes y llamativas, los vídeos más originales o didácticos, los enlaces más diversos,... todo lo que llegue a tu muro, es susceptible de ser compartido con tu comunidad si tiene el suficiente interés y relevancia.

Así como lo que es de interés general encuentra reconocimiento y premio en ese codiciado "me gusta", ocurre de manera opuesta cuando lo que se publica atenta contra modelos éticos fundamentales, representa una falta de respeto directa, o se manifiesta a favor de odios, discriminaciones o perjuicios a personas, comunidades o incluso animales y medio ambiente. Cualquier actitud que denote estas premisas será condenada de inmediato por la mayoría, y repudiada de tal manera, que su autor no tenga más salida que ocultarse y abstenerse de perpetuar esa conducta.

Como elemento de criba, el Facebook ejerce un gran poder selectivo a través de sus miembros, y la mala praxis es boicoteada de manera tajante. Esto fomenta el respeto y la interacción entre las personas, en el facebook la mala fe no es aceptable, solamente se consiente el buen rollo.

También es habitual encontrarse con ciertas fricciones y situaciones controvertidas que, de forma espontánea y para sorpresa de todos, surgen cuando alguien malinterpreta algún comentario o le da el matíz y lectura que le parece, que muy a menudo dista bastante del significado que realmente quiso darle el autor. En estos casos no se considera mala fe por ninguna de las partes, y se disculpa en que no siempre lo escrito refleja el tono o el talante que se le quiere dar realmente.


Teniendo en cuenta que hay personas muy "rayadas", con ciertos prejuicios y que suelen estar siempre a la defensiva, los emoticonos o simbologías al efecto son muy recomendables.



Nos hace reír:

No hay mayor poder en el mundo que aquel que permite cambiar las cosas en tan sólo un segundo, ese es el poder de hacer reír. No importa cuál sea tu mal, cuál sea tu dolor o pesar, si sonríes, por unos segundos todo eso desaparecerá de tu mente y una agradable sensación se apoderará de tí. La risa le dice a tu mente, "todo está bien", y tu mente se relaja, segregando con la propia risa una serie drogas naturales que...ya quisieran las de diseño. Aunque sólo sea por unos segundos las cosas han cambiado, y por la acción de la risa y como producto de un chiste o alguna gracia que alguien ha publicado en el muro, tu tristeza se ha disipado, aunque sólo sea temporalmente, y tu estado de ánimo lo agradecerá.

Tal es el poder que tienen aquellos que nos deleitan con sus originalidades, provocaciones, agudezas, sarcasmos y demás hilarantes fechorías que nos alegran la vida y nos consiguen perfilar una deliciosa sonrisa en nuestro rostro, sin mayor coste que el de un preciado "me gusta" o una replica al efecto de lo publicado.

Recordemos que quien gusta de hacer reír, a veces se satisface con el singular hecho de sacarte una sonrisa, otras con el de dar salida y brío al empuje volcánico de su ingenio, y algunas otras, con el aprecio y reconocimiento de los demás a ese inestimable presente que nos dejan, tu sabrás distinguir entre uno y otro, pero en cualquier caso, si te ha hecho reír, algo muy valioso le debes a alguno de ellos.

Conoce los beneficios de la risa




Nos dice como se encuentran tus amigos:

No a todos tus amigos los ves cada día, cada semana, o cada mes. Antes, cuando no había esa asiduidad de trato, o se perdía temporalmente, uno podía pasar una buena temporada sin saber absolutamente nada de un amigo. En tanto que este no tenía relación con el grupo, o contigo en particular, todo suceso inherente a dicha persona se hacía completamente incógnito, y salvo situación grave, uno no se enteraba de nada.

Hoy en día el Facebook representa en nuestras vidas el "periódico diario" en el que se muestra, a modo autobiográfico y en tiempo real, lo que acontece en la vida de cada uno.

Ahora ya no tienes que preocuparte tanto por esa amiga a la que le ha dejado el novio, obligándote a llamarla todos los días, ella misma va dejando notas en su muro para que los demás sepamos lo dolida que está, y cómo lleva la situación. Puede que con esto el Facebook incite al victimismo, hay quien lo verá de esta manera, pero si así fuera y en cualquier caso, no dejaría de ser algo realmente terapeutico y por extensión, muy recomendable, así que...exprésate!!, yo mismo he revelado situaciones muy íntimas de mi vida que antes apenas había compartido con nadie, y no puedo negar que exteriorizarlo me ayudó muy positivamente. De alguna manera, el ánimo y la energía de las personas que nos aprecian, se canaliza y llega de forma perceptible a quien lo necesita. La red social es un inmejorable transmisor de afecto y optimismo.

Aprovecharé para agradecer profusamente su aportación, a todos aquellos que gustan de regalarnos perlitas del estilo de "A comer el pincho", "Me duele el codo", "A fumar un pito", "Ay que hambre", "Me meo", y otros menesteres o comentarios sin sustancia, que nos importan tanto como a "La Gorda" de la plaza de la Escandalera, a la estatua me refiero, no a la que vende cupones.

También correspondo con mi eterna gratitud a la ineludible figura del "agonías". Gracias capullo por ensuciar mi muro con tu mierda, acabarás por obligarme a tirar de la cisterna bloqueándote de por vida. Aquí se viene a compartir alegría, humor, información y propuestas, que de problemas, disgustos y penas, los vecinos de este "portal" ya estamos servidos.





El mejor escaparate:

No hay mejor jardín en el que hacer crecer nuestro talento que nuestro muro, ni mayor escaparate para nuestro propio alarde. En mi caso particular y como consecuencia de una frustrada dedicación al ejercicio de la escritura, forcé mi atrevida pluma a sacarse brillo, tratando de cuidar los registros y la expresión, y ornamentando, quizás en exceso, muchas de mis redacciones o posteos.

El estímulo y la motivación que representa la respuesta de los demás a las distintas y variadas publicaciones, alimenta y nutre la creatividad de sus autores, y es frecuente ver a algunos amigos cantantes, monologistas o magos, hacer demostración de sus aptitudes en el muro y divulgar orgullosos su obra. En otras ocasiones, personas de las que nunca te lo esperarías, se desatan espontáneamente, revelando para sorpresa de todos, una profunda y encubierta sensibilidad o un desconocido lirismo cuando describen la belleza de un precioso día de primavera, o lo que han sentido al ver por primera vez a su sobrino recién nacido.

Yo, salvo contadísimas ocasiones, no suelo hacer uso de frases animosas, moralejas o postulados cuya autoría corresponde a personajes reconocidos o famosos. Creo que tengo la obligación de decirlo a mi manera, de la otra es obvio que ya lo ha dicho alguien antes, así que si voy a regalarte algo, que sea mío por lo menos.

Como ya he explicado, el Facebook es un canal ideal para trasmitir cariño y amor por los que quieres. No tenemos por constumbre, y menos aún los chicos, exteriorizar nuestro afecto y aprecio por nuestros amigos, sí con nuestros actos y demostraciones, pero no de una forma manifiestamente verbal.

El Facebook te procura refugio y te allana el camino hacia cualquier elogio o muestra de cariño por tus congéneres. Nada te impide expresarle a tus amigos lo grandes que son, nada te impide hacerles saber que les quieres y valoras por tantas y tantas cosas buenas que tienen, aunque también sea cierto que casi siempre discutes por las malas que tanto te encrespan. Nada te impide trás la pantalla de tu ordenador explicarles lo mucho que significan para tí, lo mucho que te aportan y lo importantes que son en tu vida, incluso para esto, el Facebook es algo maravilloso.

Conozco quien gusta de dedicar a sus amigos los goles que marca en cada partido, no creo que sea una persona que se guarde sus afectos cara a cara aún así, pero esta claro que cualquier disculpa es buena para demostrar amor, satisface a quien lo emite, y supongo que también a quien lo recibe. Los cumpleaños son otra buena oportunidad para expresar tu afecto con un cálido y sincero mensaje a tus más queridos, no lo desaproveches.



Tiene un excelente uso practico:



Otra utilidad del Facebook a la que recurrimos a diario, es su uso como herramienta óptima para dar solución a problemas o cuestiones de toda índole. Una red social de esta magnitud y aun careciendo de una muy amplia lista de agregados, es más que suficiente debido a su propagación exponencial, para dar respuesta y conclusión a cualquier asunto que te apremie.

"¿Sabéis dónde pueden arreglarme la moto que no me cobren mucho y sean de confianza?". "He perdido a mi perro Nano en la zona de el Centro Cívico, un beegle bastante gordito y con cara de tonto, por favor compártelo". "Mi mami alquila piso en la zona centro, es pequeño pero muy coqueto, si sabes de alguien mándame un privi". Son innumerables los mensajes que cada día inundan nuestro muro en la búsqueda de soluciones y respuestas. Para ser sincero, no es la primera vez que consigo vender algo de algún contacto mío mediante la acción de "compartir" en mi muro, incluso algo propio, ni mención requiere la cantidad de ocasiones en las que alguna duda o dilema ha sido planteado por algun contacto y apresuradamente encontró remedio.



  
 Dispone de un gran potencial reivindicativo:




Quizás el mayor poder que ostenta el Facebook como artefacto social radique en su capacidad para hacer oír la voz del pueblo. Ante cualquier tipo de situación socialmente controvertida, nuestro muro se convierte de inmediato en un fanzine reivindicativo donde el descontento de la masa se deja ver sin tapujos, con la incisiva impiedad de quien, trás el amparo de una pantalla de ordenador, muestra su más expresa discordancia y oposición.

Yo soy de los que confía en que esta representación que de nuestros reclamos hace el Facebook, se tiene muy en cuenta en las altas esferas del poder y sirve de barómetro para pulsar la opinión de la plebe y su nivel de exacerbación. No hace las veces de una manifestación en toda regla, pero puede servir de preludio y anticipo de ella.


 
Da ejemplo y enseña a vivir:



Una de las cosas más interesantes y útiles de las redes sociales, es la síntesis que el conjunto llega a describir en cuanto a hábitos de vida y posibilidades de ocio y bienestar. Cada cual representará un ejemplo a seguir dependiendo de nuestra opinión sobre su persona, pero sobretodo y especialmente, dependiendo de su forma de vivir la vida. El álbum de fotos de tus contactos te revelará de manera muy gráfica e ilustrativa lo mucho que cada uno disfruta de su tiempo libre. No quiere decir que el que no tenga fotos no disfrute, pero es seguro que aquel que más fotos guarda en sus álbumes sobre viajes, rutas, escapadas, comilonas, fiestas, etc.. por lo general, vive bastante más feliz que la media, y sin duda alguna, su vida es el objetivo, como mínimo, de todo aquel que tenga grandes expectativas para la suya.


La red social abre ante tí un mundo de experiencias que son vividas a través de otro, y compartidas de forma directa contigo. Hay quien se ha ido a Alaska y en su álbum va describiendo foto a foto lo vivído. Hay quien ha saltado en globo o hecho puenting y nos explica esa intensísima experiencia acompañada de un demostrativo y testimonial vídeo que le han grabado. También está el que ha subido a esquiar ese día y nos explica el estado de la nieve y de la estación. Son múltiples y heterogéneas las posibilidades que nos ofrece este escenario para las experiencias que es el Facebook.




A mi particularmente me gusta registrar en mi archivo fotográfico, un amplio y variado repertorio sobre cada actividad o momento de ocio que voy viviendo, y no reparo en que todo el mundo lo vea, en realidad lo prefiero, siempre me ha gustado incitar y motivar a la gente a vivir la vida con intensidad y pasión. Este trayecto que es la vida es una película de ficción y fantasía en la que tú eres el actor principal, eres el testigo de un milagro maravilloso que con suerte solo durará unos 80 años, esconde algunos sinsabores y advertirás que suceden en cualquier momento, así que, como digo yo, cuando llegue la puñalada, por lo menos que te pille sonriendo.



Según mi criterio, estas son tan sólo algunas de las virtudes y excelencias del Facebook a simple vista, sin menoscabo obviamente de las que cada uno le haya sabido apreciar en su trayectoria como usuario.

Para mí ha sido sin lugar a dudas una vía de escape, no sólo ante una problemática circunstancial y de contexto que no me agradaba, si no también por su efecto rescate frente a momentos de stress y embotamiento mental. El Facebook no te distrae, en realidad, bien usado, te depura, te oxigena, y sobretodo, favorece que la frecuencia de pensamientos residuales, inútiles e improductivos, se reduzca ostensiblemente mediante la evasión a otro plano de acción, el de la vida social. Esta accesible pausa temporal e itinerante, hace que te reubiques de nuevo, reseteando tu disco duro para volver con cierta frescura de nuevo a la caótica actividad que habitualmente es nuestra dinámica ejecutiva.

No cabe duda que la red social se ha convertido de alguna manera en un vicio, nuestro sistema de recompensa reclama esa droga que tanto nos seduce atrayéndonos hacia algo que ciertamente nos provoca satisfacción, y está bien que así sea, si no nos roba un tiempo valioso de trabajo u otras  responsabilidades, su presencia en nuestras vidas será sin duda muy saludable, por ello...quede muestra de mi gratitud. A Iñaki Sánchez "le gusta" Facebook.