Ya desde tiempos paleolíticos, cuando ni siquiera había nacido Sara Montiel, y en realidad hasta no hace tanto, el ser humano vivía en grupos o tribus que se iban nutriendo de nuevos componentes a medida que la familia crecía. Esta pequeña sociedad amparaba su supervivencia en su condición de grupo puesto que la caza era su principal fuente de alimento, y con frecuencia, el conjunto favorecía una mejor captura que la que podían realizar unidades independientes por si mismas.
Hoy en día, por obra y gracia de la evolución, la mejora de la calidad de vida y la disposición de tiempo de ocio, hacen que lo que antes era un grupo al que estábamos confinados congenitamente y por necesidad de subsistencia y protección, pase ahora a ser algo casi selectivo, de manera que no queda condicionado exclusivamente al circulo familiar, aparecen los amigos y la pandilla.
Esta vida paralela a la familia que representa el grupo o los distintos individuos con los que se comparten infinidad de vivencias extramuros, forma una parte tan fundamental de nuestra identidad y nuestra forma de ser, como también la forman las numerosas influencias que ha representado la familia y la educación hasta entonces. En realidad, somos lo que nuestros padres y la educación recibida han programado en nosotros, sin embargo, es a partir del comienzo de nuestra vida en sociedad, donde por primera vez comienzan a mostrarse ante nuestros propios ojos esas influencias que dictaminan nuestra forma de ser, de alguna forma, nuestra vida colectiva es el espejo en el cual cada uno de nosotros comenzamos a ver realmente cómo somos. Se que hay quien piensa que se ha forjado a si mismo, que tiene una gran personalidad, que él es exactamente quien quiso ser y bla bla bla, bueno, vereis, este mensaje va dirigido a todos los demás, a todos los que somos conscientes de que nuestra mente ha sido labrada por la educación y por nuestro entorno más inmediato, y que todo el conjunto de influencias externas durante nuestra infancia y juventud, han acabado por confeccionar al tío ese que sale en la foto de nuestro DNI, seamos rigurosos con esto, es una realidad.
En los amigos encontramos el enorme crisol en el que confluyen multitud de caracteres y comportamientos humanos que, en muchos casos, nos serán muy familiares puesto que los habremos visto reflejados en alguno de nuestros parientes más o menos cercano, en nuestro vecino o incluso en nosotros mismos. Es en nuestras relaciones de amistad donde comenzamos realmente a evaluar nuestra forma de ser, a hacer una severa introspección con objeto de estudiar cómo somos, cómo son los demás, y cuál es la forma idónea en la que podremos encajar en el grupo o con alguien en particular. Comenzamos por fin a convertirnos en seres sociales, a agradar a alguien o a pertenecer a un grupo al que sólo se accederá por méritos propios, y estos méritos han de pasar por un ajuste de nuestra personalidad que asertice positivamente con ese amigo o esa pandilla. Es un gran ejercicio de adaptación y de autoconocimiento, una base fundamental para nuestro mapa formativo y de personalidad.
Pronto aprendemos a observar en los demás qué comportamientos o actitudes tienen más éxito, y con ese fin, asimilamos roles que antes nos eran desconocidos y que por supuesto no correspondían con nuestro mecanismo de interacción, nos adaptamos para encajar con los demás, para ser acogidos, para gustar, para tener un valor en el conjunto.
Todas las personas aportan algo al grupo, pero cada cual está ponderado en un escalafón que va desde los que mejor caen y son imprescindibles, a los que peor caen y son supletorios. Normalmente en un grupo de amistades, si es lo suficientemente nutrido, se pueden contemplar distintos caracteres por los que guiarnos en nuestro camino de autoformación de la personalidad, aprenderemos a mirarnos en ellos y ver qué conductas favorecen la interacción óptima y más enriquecedora con los demás, y cuáles repercuten, por el contrario, en relaciones más estériles.
Con los amigos uno disfruta enormemente en la vida, y ciertamente se viven multitud de experiencias inolvidables, pero lo primero que nos aportan los amigos en el tiempo, es nuestra personalidad definitiva, casi en su mayor parte, este es el primer regalo.
Una mirada retrospectiva me lleva a recordar en mi riquísimo y dilatado currículum de amistades, cada uno de los caracteres o estereotipos que abundan en casi todos los grupos, dependiendo de su densidad. Haré un desenfadado y satírico sumario de los perfiles más marcados o representativos.
En toda pandilla que se precie no faltará un líder, o varios. Si hay uno, con frecuencia ese suele ser el más rebelde. Este rasgo, unido a una buena mano con las chicas, le confiere un cierto halo de cautivadora popularidad que le hace propenso a recibir elogio y alabanza por cuanto hace, siempre que esto sea algo polémico, controvertido o notorio. Gusta de adornarse con un desmedido orgullo intocable así que, con frecuencia, es el que da por inauguradas todas las peleas. Es de los que se mojan por un amigo y la nobleza aconstumbra a ser su salvoconducto en caso de equivocacion grave. Si en lugar de un cabecilla, hubiera dos, uno sería el rebelde, el otro el sensato.
El sensato suele ser un tipo amable y serio a la par, su aportación y calidad de propuestas le dota de un gran carisma. Normalmente formado y respaldado por ciertos méritos académicos o incluso deportivos, es una persona discreta, respetada y siempre correcta. El rebelde y el sensato son la cara y la cruz de la misma moneda, sin embargo su aprecio y consideración por el otro es recíproco, se suelen complementar extraordinariamente, aunque la figura del sentato prima ante cualquier conflicto o decisión no unánime.
Otro personaje ineludible es el borrachín. El líder rebelde puede beber hasta reventar, aun así, jamás se le sorprenderá vomitando o tirado en el suelo. El borrachín, por el contrario, tiene garantizado trono por el simple hecho de salir de casa, el peldaño de un portal, no falla. No sabe lo que significa la palabra vergüenza, y suele ser simpático y participativo, imprescindible en el grupo, no hay fiesta sin él, ni chica que no haya sufrido sus babeos.
También está el tímido y retraído, gran persona, generoso y agradable aunque por lo general no suele tener nada interesante ni gracioso que contar, sin embargo, siempre está esperando a que alguien hable con él. Este tipo de amigo suele vivir entre bambalinas, pero su amabilidad y su gran corazón le salvan in extremis del ostracismo. También está el tímido y retraído que de puro hermético se hace invisible, suele tener cara de amargado y está en la pandilla porque tiene que haber de todo, y bueno, por no decirle al que siempre le llama que trate de evitar esa inestimable aportación folclórica al grupo.
Un elemento del que no se puede prescindir en toda pandilla que se precie es el ligón, el líder traerá locas a las tontitas que gusten de los tíos populares y chuletillas, el ligón tiene las miras más altas, él se lleva o a la más guapa, o a la que todos quieren. Su norma es engatusar, usar, y tirar. Es decir, les come el chocolate a los Bollicaos, y luego los deja vacíos para los demás, en eso el rebelde es un poco más sensible, y mucho más platónico.
El esporádico, este es otro de los estereotipos que coincide en casi todo grupo de amigos. Aparece sólo de vez en cuando o para las grandes ocasiones, de manera que siempre mantiene su protagonismo en alza, los más nuevos nunca le dan del todo por ganado como amigo así que siempre se le recibe con trato de favor y sonora bienvenida, es como una especie de nuevo en la pandilla pero con la ventaja y la comodidad de que los conoce de sobra a casi todos y desde hace mucho. Si es listo, no brindará su presencia con demasiada asiduidad no vaya a ser que sus admiradores, los nuevos y nuevas del grupo, empiecen a conocerle bien y pierda estrellato. Los comentarios tipo; -¿Sabeis que viene Juan este finde?- Ah, viene Juan??? no jodas, que guay!!!, chicoooos!! que viene Juan este finde!!! - Hooombre, de puta madre, que noticia!!! -. En realidad no es que les emocione gran cosa a nadie, pero como no está normalmente, pués...cualquier disculpa es buena para celebrar algo, pero la verdad es esa, más o menos, se la suda a todos. A todos, menos a las chicas nuevas que no le conocen, estas, ya están tontitas los días antes de que Juan llegue, y a Juan, ese matiz de "esperado por la masa" le garantiza el camino directo hacia los labios de alguna. Los problemas vienen cuando en su ausencia, el líder o algún otro habían marcado ya territorio, el bienvenido se convierte ahora en mal allegado por acción y obra de su torpeza y desconocimiento.
En un grupo de amigos nunca faltará alguien en quien dejar caer nuestras propias frustraciones y rabias, por eso existe la figura del tonto de la pandilla. Parece siempre feliz, así que no suscita perdón alguno si crees que te has pasado un poco empujándole a la fuente del parque o después de haberle llenado el pelo de espuma de afeitar, él nunca te diría nada que pudiera poner en juego vuestra amistad. El tonto suele resultar entrañable para todos así que, en sus cumpleaños, se le suele brindar un cariñoso homenaje compensatorio a modo de penitencia. También se le suelen echar flores, las muy excepcionales ocasiones en las que encuentra novia o tiene algún affaire, de tal manera la bajeza del hombre enmienda y purga sus daños al prójimo en espera de absolución.
Otro ineludible en una buena pandilla es el graciosillo. Encuentra su forma de hacerse ver a través del chiste barato y oportunista, normalmente son personas que carecen de la suficiente autoestima y, dependiendo de su ingenio, consiguen atraer más o menos los afectos de los demás. El gracioso no cae mal por definición, pero su reiterado abuso del chiste fácil acaba por hacerle resultar cansino, no atrayendo precisamente con ello el respeto de los demás. Su presencia y permanencia en el grupo depende de lo vinculado que esté a otros miembros por afinidad, puesto que suelen ser personas con un fondo excelente, sólo quienes les conocen de verdad sabrán valorarle con acierto.
El "no querido" es una figura controvertida e impredecible, es habitual encontrarse a alguno de los perfiles anteriores encarnando paralelamente este rol. No tienen una definición característica, pero por lo general son personas activas y alegres, tienen una presencia notable y positiva en el grupo pero, cuando menos te lo esperas, zas!, ya se han rayado. Alguien ha hecho o dicho algo que ha llegado a su frágil corazoncito y se han sentido discriminados, engañados, o sometidos. La autoestima también brilla por su ausencia en estas personas y si no son capaces de mantener un estándar lo suficientemente alto de protagonismo en el conjunto, se vienen abajo y se ponen completamente a la defensiva, aludiendo a que nadie les hace caso, que todo el mundo pasa de ellos, o que no caen bien a nadie. A estas personas no se les puede decir que no a nada, un no, es un no me quieren, y detrás de un no me quieren, lo que viene...vaya usted a saber, todo depende del grado del trauma que arrastren y el nivel de carencia de autoestima que su psicología albergue. Empezarán a cocinarse ellos solitos un problema que no existe en realidad, haciendo uso de su autocompasión y victimismo, y por lo general atentando contra la armonía de la manada. Estas personas exigen un gran cariño y comprensión por parte de los demás, y en esos términos, son personas que pueden aportar mucho.
El friki, otro indispensable en toda cuadrilla de amigos. No importa las horas que invierta yendo a tu casa para reparar tu ordenador, jamás te pediría nada a cambio. Su pago es el hecho de que le permitas hacer ostentoso alarde de su singular astucia y sagacidad para ir lagartijeando por tu pc, poniendo solución a un problema al que tú no tienes el más mínimo acceso por pura tecnoignoracia. Si él está en tu casa, en tu silla y ante tu ordenador, él es Dios y tú eres una mierda, punto final, sométete, escucha y cállate, pero tratando siempre de poner cara de asombro ante su enorme capacidad para ir resolviendo cada uno de los numerosos entresijos que acusa tu pc, al friki le encanta sorprenderte. Es un lince con la informática, y en ese ámbito se siente muy resuelto y seguro, pero cojea en toda relación que se sale de su foro íntimo de adeptos a la tecnología. Normalmente prefieren el baloncesto al fútbol, son personas muy inteligentes y muy inquietas. Les encantaria ser mejor considerados por los demás pero ese lascivo interés por las computadoras les convierte en bichos raros, y por lo general, muy monotemáticos.
El Gelipollas (que no gilipollas). Este personaje es itinerante en cada grupo, lo común es que salte de una pandilla a otra expulsado por obra y gracia de algún puñetazo bien merecido, el problema es que su total falta de orgullo y autoestima le hace volver al cabo de unos meses, parasitando a alguno de los componentes más o menos bien considerado en el grupo, y actuando como si nunca hubiera pasado nada. En los primeros días de retorno, este tipo de individuos tratan de acreditarse midiendo muy bien a quiénes van a invitar a esa copa que ya tienen minuciosamente estudiada y calculada antes de entrar en el bar, gestos de este tipo les dan el margen de días estimados hasta que otro merecido puñetazo les decora nuevamente el ojo con un resplandeciente moratón, normalmente cuando aún el primero no se habia disipado del todo. El gelipollas es un peligro en potencia, sobretodo por su facilidad para meter al grupo en peleas, algunas de las cuales se resuelven taxativamente pegándole a él, y evitando así conflictos externos innecesarios. Este personaje de tendencias suicidas y al que no le importa nada, carece de amor propio y aprecio por si mismo, pero se distingue del "no querido" en que, a este último, de vez en cuando le da el bajón y duda de que le quieran, el gelipollas sin embargo ya sale directamente odiado de casa. Con todas sus calamidades personales y familiares, suscita la peor de las penas pero el odio que ha sembrado con los años, elude cualquier compasión, así que siempre encarnará al sujeto del cual todo pandilla quisera prescindir, pero por desgracia no puede.
Seguramente habrá más pefiles y personalidades que considerar en nuestra vida de sociedad, como le es propio a la complejidad y diversidad de nuestro intelecto y nuestro comportamiento, pero aquí hemos podido ver algunas de ellas, sin duda las más marcadas y singulares. Son un cuadro de caracteres donde podemos vislumbrar realmente, cuáles de esas actitudes favorecen una vida de relación enriquecedora, y cuáles no, tanto en lo personal con uno mismo, como en lo social con los demás.
Observa las razones por las que otras personas que te rodean tienen una vida satisfactoria, no hace falta que les imites de manera mecánica, trata de comprender y asimilar esos comportamientos para que, adaptados a ti, también lleguen a enriquecer tu vida. No te puedo pedir que renuncies a tu carácter, ya has renunciado a él sólo por el hecho de haber nacido con un cerebro vacío y curioso, si ya no puedes ser tú de una manera pura y absoluta, por lo menos sé de la forma en que más felicidad atraigas para ti. Sé como las buenas personas, pero disfruta cuanto puedas del resto.


Imposible hacer una definición más gráfica de lo que es un grupo de amigos, muy bueno.
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